JOYAS DE ESCRITURA

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Gracias al invento de la pluma alrededor de 1880 y a su desarrollo entre 1900 y 1935, la escritura ha cobrado mayor expresividad pues la mano y este singular instrumento se han convertido en uno para expresar emociones sobre el papel. Utilizar un estilógrafo es mantener vivo el espíritu creador de artesanos e ingenieros del mundo que pretendieron que el cotidiano acto de escribir no perdiera su elegancia y conservara el carácter íntimo de quien se toma el tiempo de articular sus pensamientos y concretarlos en un papel.


Con su perfeccionamiento quedaron en anécdotas los inconvenientes ocurridos con las primeras plumas.
Louis E. Waterman perdió un gran negocio al momento de su firma cuando la tinta rodó sobre el papel. A raíz de ello inventó una pluma transportable dotada de cartucho que garantizaba el flujo de tinta y aire simultáneamente. Su modelo Edson muestra lo que hace a un objeto artístico. Bajo una armadura de oro macizo y un cuerpo de resina translúcido se esconde un sistema de regulación de tinta perfecto.

Fabricantes como Montblanc también han dejado su marca. Su primera pluma apareció en el mercado alemán en 1910 con el nombre que hoy ostenta. Este surgió en un juego de cartas: “Por qué no llamarla Montblanc, al fin y al cabo es negra por fuera y blanca arriba y la más grande entre sus equivalentes”. Como homenaje al Meisterstuck cuando cumplió 75 años, se vendió en Colombia una edición especial que llevaba en su tapa un anillo adicional gravado con el lema “75 year of pasion and soul”, la letra “O” del logo Montblanc y un diamante incrustado, entre otros.


Entre los Meisterstuck se encuentra la versión homenaje a Chopin, caracterizada por los tres anillos de oro del capuchón negro de rosca y su plumín de 14 quilates con incrustaciones de platino. Inspirado en Mozart, otro de estos instrumentos se suma a los anteriores, lo caracteriza su menor tamaño. Esta pluma está elaborada en plata de ley o vermeil (plata de ley con plaqué de oro) y douve; cuerpo negro con capuchón de plata o un cuerpo burdeos con un capuchón de vermeil.


Confirmando el encanto de estos instrumentos, muchos joyeros se han unidos a sus desarrollos. Cartier es uno de ellos. Sus plumas exhiben una bella apariencia gracias a las 40 capas de laca que recibe cada pieza, al baño en oro de 8 micrones y a sus plumines, también de oro de 18 quilates. Algunas son embellecidas con una espinela sintética de zafiro o rubí con el anillo de los tres oros que diseño Jean Cocteau en 1924. También lleva grabada la inicial de esta casa, como garantía de estar sosteniendo en la mano una joya. Otras conservan el diseño de una columna griega de aquella versión lanzada en Taormina, en 1976.

“La forma sigue a la función” es el lema de otras joyas que bajo el nombre de Lamy llegaron al mercado en 1966. Un ejemplo es el modelo creado en 1990 por el italiano Mario Bellini. Con forma de diamante, clip macizo chapado en oro integrado en el capuchón y una cobertura de titanio logra transmitir la esencia de esta creación de alta tecnología. La utilización de materiales nuevos caracteriza sus diseños, es el caso del Lamy Lady elaborado en porcelana Rosenthal con diseño del indonesio Yang. Igual ocurre con el Lamy Accent al que se le cambian las empuñaduras.


El modelo Duofold, de Parker, se inspira en los años veinte, sus plumines de oro y platino han sido renovados. Decía su fundador, George Safford Parker: “Haz un producto mejor y la gente lo comprará”. En el caso de los fabricantes de Iowa y sus reconocidas piezas Sheaffer, su línea Legacy se inspira en los años cincuenta y exhibe tecnología de los noventa al contar con un mecanismo de recarga Touchdown, plumines embutidos con punta de rutenio y adornos electroplateados de 23 quilates.


Estas son joyas que acompañan toda la vida y hacen que el acto de escribir sea una circunstancia tan personal como lo es plasmar sentimientos en un papel.