DULCE TRAPICHE

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El sabor profundo de la panela nos deja en la boca ese gusto melancólico de la tradición y la niñez

Aromática y morena, dura y muy suave a la vez, la panela nos ha nutrido a lo largo de nuestra historia, acompañando momentos cálidos y dulces. Producto significativo dentro de nuestra cultura y nuestras tradiciones, ha servido de sustento y ha dado calor a todos los colombianos, sin importar la cuna o el oficio.

La panela es un producto tradicional que se extrae de manera secundaria de la caña de azúcar, en el trapiche, lugar cuyo nombre evoca sonidos de canciones lentas y cadenciosas, como el melado, y manos curtidas que sostienen tazas redondas con una bebida cruda y acaramelada.

Con un excepcional contenido de minerales, vitaminas y proteínas, la panela posee altas cualidades energéticas, con menos calorías que la azúcar refinada. Por esta razón, se ha utilizado siempre en tratamientos reconstitutivos y como fuente de energía para niños y deportistas. Pero sus cualidades no acaban ahí. La panela es un fuerte astringente y un sorprendente cicatrizante; eleva rápidamente la temperatura del cuerpo, por ser fuente de glucosa, calcio y fósforo. Pero más que todo esto, constituye el alimento por excelencia de los colombianos. Todos recordamos el famoso tetero, de aguapanela con leche, el agua café que se brinda a las visitas en la zona cafetera; el agua de panela clara con naranjas que las matronas ofrecen en la costa; la mazamorra chiquita; la cuajada blanquísima al lado de la miel de caña, y las inevitables cocadas. Y no podemos olvidarnos de la chicha, el masato y el chirrinche, bebidas prehispánicas que embriagan a la vez que fortalecen.

Su sabor característico, fuerte, picante y oscuro, resulta muy versátil y sirve de base a postres deliciosos, confituras y pasteles. Acompaña las frutas, calándolas con su aroma profundo y acaramelado, y constituye el principio ideal para todo tipo de salsas, vinagretas y batidos.