SLOW FOOD, muy buen vivir!

Escrito por buenvivir el . Publicado en Gastronomía

Una propuesta que trasciende al disfrute de los aromas y sabores, cautiva al mundo: el movimiento Slow Food integra más de 80 mil miembros de 50 países.

Carlos Petroni, Sociólogo y periodista italiano,fundó en 1989 en la mágica Ciudad Luz el movimiento Slow Food (comida lenta), propuesta civil que busca la recuperación del patrimonio ambiental y gastronómico de la Humanidad.

A la genial idea de Petroni, que promueve conciencia ecológica y busca salvaguardar la identidad alimenticia y cultural difundiendo los sabores, ingredientes y ambientes de las diferentes regiones, se han unido 70 mil adeptos en el mundo.

Slow Food International –que surgió como respuesta a la masificación de la comida, a su globalización y limitación bajo el esquema de la comida rápida –tiene su sede en la ciudad de Bra, en la región italiana de Pieamonte. Para promover su gestión se creó el Premio Slow Food, reconocimiento social y estímulo económico a quienes se ocupan de salvar estos tesoros culturales.

En el 2.000, uno de los cinco premios principales lo recibió el mexicano Raúl Manuel Antonio, por su rescate del cultivo de la vainilla por medios artesanales, en Chinantla, Oaxaca. Slow Food reúne en el mismo escenario el ayer y el hoy. Trae a colación el tiempo pasado, con los aromas y sabores que nos permiten con certeza recobrar instantes que parecieran detenidos: pan, canela, mandarina, menta y tantos otros más; y el hoy, pleno de vida, que recrea las recetas del ayer con sus secretos de fogón de leña, incluidos los espacios que mágicamente congregaban, con amor y deseos de amistad, a disfrutar sin prisa del singular goce que producen comer y beber. Y al rescate de la memoria gastronómica, emprendido sin tregua por miles de mujeres y hombres, se suman las fusiones de las diferentes cocinas.

Así, Slow Food trasciende la recuperación de los ingredientes olvidados por la urgencia que impuso la modernidad, a volver la mirada a las tradiciones culinarias, e invita a pensar y repensar el papel que juega la globalización alimenticia, a dejar atrás el inútil afán que desde mediados del siglo XX comenzó en Estados Unidos con la creciente moda de la fast food, la comida rápida a la que se validó pensada como idea de velocidad y eficiencia a favor de una mayor productividad en el trabajo.