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Parte10. La frágil realidad superó la fantasía

el . Publicado en Descubra

No sólo llegaron las ofertas del mundo, igual llegaron a la compañía propuestas de muchos negocios por parte de inquietos empresarios colombianos. El entusiasmo se desbordaba en aquellas épocas en que Colombia enloqueció por los efectos del dinero fácil.

La juventud, entre la que nos encontrábamos, no medía las consecuencias de los posibles fracasos y no entendía el caos en que se sumergía el país. Los dineros mal habidos inundaron el sistema financiero y empresarial, el valor mismo de los billetes no contaba, se vendían y compraban activos como si jamás hubieran tenido valía racional, las construcciones de edificios proliferaban de forma absurda, la creación de clubes sociales sobrepasaba cualquier medida, los viajes y el consumo excedían todo límite, la vanidad y la prepotencia se apoderaron del sistema y las consecuencias nunca se tuvieron en cuenta.

Luego vino la fratricida guerra: Bombas en centros comerciales, voladura de aviones repletos de gente, asesinatos, enfrentamientos, secuestros incontables, crisis financiera, bancos en bancarrota, quiebras, por doquier. Se derrumbaba el sistema económico y la guerra continuaba y continúa e irremediablemente hemos debido sufrirla de manera atroz e inhumana, fatal confrontación que quizás algún día termine y deje vivir en paz a nuevas generaciones, pues los de la nuestra nacimos en guerra, vivimos en guerra y seguramente moriremos y el país seguirá en guerra.

Durante estos años tuvimos que enfrentar una dura crisis financiera; gracias al desarrollo económico y la supuesta pujanza del país, nos habíamos salido del rumbo y habíamos incursionado en negocios de construcción, importación de automóviles, ganadería. Un proyecto específico castigó nuestras finanzas: Buchanan’s House. El avance logrado en la compañía era descomunal, la posición financiera era óptima y la estabilidad permitía pensar en nuevas fuentes de negocio.

Justo durante la guerra llegó a nuestras manos una de las marcas más prestigiosas del mundo: Veuve Cliqcuot Ponsardin Champagne, fenomenal casa francesa, ciento de miles de burbujas refrescantes servimos, era absurdo, mientras el país se consumía en una confrontación incomprensible, impulsábamos el consumo de champaña por copas en los restaurantes.

No olvidaré la noche que hicimos la presentación de Veuve Cliqcuot Grande Dame, milessime, extraordinario vino. El problema máximo era el tema de la seguridad, habíamos decidido hacer una cena impecable, en el restaurante San Isidro en Monserrate con rigor en las invitaciones, la selección el menú, los vinos, el Cognac Hine y el orden en que se serviría la champaña; el teleférico pintado de color naranja subiría lentamente hasta alcanzar la cima; violines, candelabros y Cliqcuot acompañarían el ascenso; el restaurante estaría iluminado con velones para lograr un ambiente incomparable.

Noche de hadas que se alcanzó a ver frustrada por amenazas registradas por los organismos de seguridad. Nos tentaron a cancelar la noche, sugerían que un acontecimiento de traje largo y corbata negra podría ser muy peligroso ante los hechos ocurridos en días anteriores y los invitados a la gala. Discutimos con nuestros amigos franceses, tocamos el tema con los socios y después de larga reflexión decidimos realizar esta noche de fantasía, no podíamos rebajarnos y menos pleglarnos a las condiciones que imponían los líderes de la mafia. Asistieron al evento todos los invitados, se volvió la noche tal y como estaba prevista, los convidados no lo podían creer, todos olvidamos, la violencia y el caos se esfumaron como obra de magia, la atmósfera se llenó de entusiasmo, felices regresamos a la ciudad donde la fuerza pública ocupaba muchas calles.

Fue tal la reacción con la Veuve Cliqcout Ponsardin que en más de una oportunidad pernoctamos invitamos colombianos a la mansión Cliqcout en Reims, casi derruida por completo durante la Segunda Guerra Mundial y remodelada impecablemente. Ocho habitaciones decoradas con gusto y sencillez, un acogedor comedor donde los vinos y la champaña se disfrutaban acordes a los menús del día o la noche. Rematar las cenas en el salón de la casona era costumbre irrefutable, sendos cognacs y puros extraordinarios daban pie a tertulias donde la política y el humor era la máxima.

En Colombia la situación era tenebrosa, el tema de la extradición desdibujaba cualquier consideración objetiva sobre la situación real del país. Como empresa debíamos seguir adelante esforzándonos para contrarrestar los terribles efectos que comenzaban a vislumbrarse, los ánimos decaían y los empresarios en general intuíamos tardíamente las consecuencias económicas por venir; los bancos en forma increíble apretaron el sistema de forma más violenta que la violencia misma que se vivía, los intereses rozaban el 50%, las compañías fatigadas hacían acuerdos de pago con los bancos y la administración de impuestos, cientos de industrias y constructoras pasaron a manos de los bancos, el sistema financiero colapsaba y el país entró en barrena.

Y en medio de la crisis emprendimos el proyecto Buchanan’s House. Adquirimos una casa en la calle 94 con carrera 11, predio ideal para construir un edificio de 7 pisos y una gran terraza. Contaría con tres sótanos de parqueaderos, lobby bar, salón de conferencias para 240 personas, tres restaurantes y seis pequeños salones de reuniones; los pisos restantes serían ocupados por la compañía y por los inversionistas que entusiasmados querían ingresar como accionistas del proyecto.

La idea era construir un hotel de oficinas, donde volveríamos a aplicar la genial fórmula Oficinas llave en mano, excelente oportunidad para replicar el exitoso sistema de arrendamientos de las 79A. Era sencillo, desde el lobby bar se controlaría la administración del edificio. Indudablemente debíamos adquirir un piano de cola, aún a sabiendas que nuestro pianista estaba en el exterior.

De regreso en Land Mark House propusimos el proyecto a la corporación, los ingleses solicitaron mil documentos y finalmente tras meses de discusiones y correspondencia aprobaron la utilización del apellido Buchanan’s, credencial más que suficiente para el éxito del proyecto.

En ocho días habíamos vendido el 50% del plan, insuperable resultado ante la crisis económica que atravesaba Colombia. Los accionistas del proyecto en muchos casos decidieron quedarse con los metros cuadrados adquiridos para montar sus oficinas. Ya imaginábamos las tardes de tertulia multiplicadas que se vivirían en el lobby bar. La Casa Bravo, así conocida por la Sociedad Colombiana de Arquitectos, era considerada por un grupúsculo de arquitectos amigos del constructor como inmueble de conservación arquitectónica, situación jamás imaginada por nuestros socios arquitectos y menos por nosotros. Sorprendentemente, después de haber obtenido la delineación urbana y radicado las licencias de construcción ante el distrito, La Casa Bravo fue incluida en el decreto 677 que reglamenta el uso de bienes considerados de conservación.

Se derrumbó el edificio antes de colocar la primera piedra. Hablamos con el arquitecto de la casa, prestigioso hombre y admirador de nuestros vinos y licores. Estudiamos su obra y comprendimos los principios de su arquitectura, aprendimos de servidumbres enojosas y arquitectura introvertida, entendimos la importancia de la obra Casa Bravo construida en 1.964. Analizamos conjuntamente el tema y finalmente él, como persona racional, estuvo de acuerdo con nuestra posición y acordamos redactar una carta aclaratoria para la junta sobre la inconveniencia de mantener la casa que contravenía todos los principios consignados por el arquitecto en la ejecución de su obra, propiedad asfixiada desde hace muchos años por edificios y construcciones.

Redactamos la carta, enviamos a un mensajero con nota específica para el arquitecto, la masiva debía firmarse cuanto antes. El enviado regresó angustiado, el arquitecto había enfermado, justo aquella mañana la habían llevado a una clínica, fatal noticia tanto para su enfermedad como para el futuro proyecto. Lamentablemente el arquitecto murió y no alcanzó a firmar la carta convenida. Ni para Dios ni para el diablo, tuvimos que devolver los dineros invertidos por los accionistas en consecuencia atenernos a la embestida de los bancos.

Finalmente instauramos las demandas de rigor ante planeación nacional como primera estancia; como segunda, tercera y cuarta procedimos de acuerdo con la ley, en todos los casos fallaron en contra, pasaron los años, los procesos diligenciados con lentitud duraron el módico período de catorce años. En el entre tanto el bien de conservación fue violentado, saqueado, destruido por indigentes, forzado por los vecinos que a bien tuvieron instalar una planta eléctrica dentro del predio; fue sucursal de una panadería - con planos y reformas aprobadas por planeación-, también utilizada por algún distribuidor de papas fritas, gaseosa y cigarrillos; sede de tres restaurantes-planos también aprobados pro planeación-, y finalmente vendida en 2.007 a un buen sujeto quién adaptará como galería de arte.

Sin embargo el negocio de vinos y licores marchaba bien, nuevas marcas engrosaban el portafolio, vinos californianos, franceses, chilenos, champaña, whiskies, cognacs, aperitivos y pousse cafés, espirituosos de toda índole. Y no contentos con la crisis y los proyectos archivados decidimos reforzar el concepto buenvivir con la creación de una revista, publicación de alta calidad y excelente contenido editorial.

La Revista buenvivir congregó de nuevo a un grupo de inversionistas, no propiamente a los socios fundadores de Proinvertir 2.000 que ya eran empresarios, en sus mayoría exitosos hombres de negocios interesados en la cultura, la gastronomía, el arte y la literatura.

El éxito de la revista fue inmediato, las suscripciones crecieron como la espuma, por afiliarse un suscriptor tenía derecho a media botella de Veuve Cliqcout, además gozaba de ciertos beneficios en la adquisición de vinos y licores importados por la compañía. Igualmente adquirían derechos de tratamiento preferencial en restaurantes, aerolíneas y hoteles.

Una revista de esa categoría no se había visto en Colombia; las conexiones internacionales de la compañía nos permitían publicar temas excepcionales, ciento de invitaciones por todos los rincones del mundo fueron atendidas por periodistas y fotógrafos de buenvivir: La Patagonia y del Desierto de Atacama en Chile, París, Buenos Aires, España, Panamá, Antioquia, Viejo Caldas, Cartagena, y muchos otros destinos donde fuimos huéspedes de honor; lugares y anfitriones que comprendían el concepto buenvivir, inolvidables cubrimientos que iban más allá del periodismo.

En la Revista buenvivir la esencia era la clave, la cadencia y el ritmo, y la sencillez del contenido era la connotación exacta del estilo de pensamiento que nos ha acompañado desde siempre.

 

Julio Eduardo Rueda Riaño

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