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Parte8. El elixir llegaría en barco…pero "bien frío"

el . Publicado en Descubra

El eslogan escogido para la campaña de expectativa, publicado en primera página de El tiempo decía ¡De Escocia viene un barco cargado de Buchanan’s y Black & White! Casi diariamente los perros de Black & White mojaban prensa ladrando que estaban por llegar a Colombia.

Mientras tanto el equipo de ventas y nosotros los socios, nos comprometimos a vender el máximo posible de cajas. Sin duda el primer contenedor se vendería en la primera temporada de Diciembre del 87. Era el momento de atacar, activamos las relaciones internacionales contactando proveedores del mundo y precipitamos una campaña para la consecución de marcas; confiábamos en el respaldo de los clientes y consumidores y, como representante de la casa de nuestro querido James, cualquier empresa estaría dispuesta a otorgarnos la representación de sus prestigiosos productos.

De Escocia llegó el barco cargado de…, habíamos acordado un empréstito de 38 millones de pesos con un barco para iniciar la operación, los ingleses no financiarían los impuestos y derechos de nacionalización. Gracias a la figura planteada por la compañía los banqueros aceptaron el whisky como respaldo de la operación. El Tesoro Nacional se encontraba en serios problemas. El Gobierno Central, de acuerdo con el Banco de la Republica, expidió un decreto el día anterior al desembolso del crédito aprobado con el cual cerraba hasta nueva orden cualquier abono crediticio, así hubiera estado reconfirmado por el banco previamente.

Literalmente, nos cayó un aguacero de whisky helado. No podríamos nacionalizar el elixir de la vida, la temporada llegaba y los distribuidores y clientes comenzaron a cancelar sus órdenes. Pedimos auxilio al banco, favor negado por tratarse de un Decreto Ley que impedía tal transacción. Expusimos ante el gerente regional del establecimiento financiero los riesgos que corríamos, fue tal nuestra cara de angustia que al hombre se le ocurrió una fórmula, idea de dificilísimo juego financiero consistente en el fondeo de la cifra aprobada, consignación que debería aportar otra entidad financiera y sobre la cual podrían eventualmente desembolsar los 38 millones de pesos, monto indispensable para poner en marcha la entrega del Buchanan’s comprometido para las festividades de fin de año.

Alcanzamos a redactar carta al Niño Dios, única salida. Providencialmente un banquero cercano al escuchar nuestro lío ofreció efectuar la operación de inmediato; habían corrido 16 días y las fechas exigidas por la Gobernación de Cundinamarca para el pago de impuestos de nacionalización y otros ítems se vencían esos días. Nos salvó la campana, cumplimos con la tramitología y solicitamos las famosas estampillas de renta que usualmente ostentan las botellas de licor legalmente importadas al país.

La logística de distribución exigía algo más que un Piaggio para cumplir con los pedidos que milagrosamente habíamos rescatado. El problema no era de imaginación, llamamos a todos los transportadores de la ciudad, incluso a Trasteos Rojas, imposible fue. Hicimos un acuerdo con la pasteurizadora de lácteos que asesorábamos por aquella época. Al atardecer, luego de distribuir la leche, las camionetas podrían repartir el whisky.

El garaje/bodega de la 79A estaba atestado de Buchanan’s y Black & White, todo el personal de la compañía alistaba pedidos. Era 21 de diciembre del 87, las camionetas hicieron mugir las bocinas avisando su llegada a eso de las seis, 17 aparatos estacionaron en la angosta calle del barrio El Nogal. Mediante un cordón humano se asignaban cajas y cajas de whisky, organizadas según las 17 rutas previstas. Finalmente mugieron las bocinas y los conductores partieron como almas que lleva el diablo.

Nos refugiamos en el bar de la Oficina, menos mal dejamos algo de whisky para la larga espera. No podíamos movernos sin saber cuántas cajas habían llegado a los canales de distribución, pensábamos que muchos compradores rechazarían los pedidos por el incumplimiento en las fechas de entrega, en realidad la temporada de ventas básicamente había terminado.

Poco a poco fueron regresando las camionetas, el Piaggio en muy honrosa posición llegó en quinto lugar. Todas vacías, con los pedidos diligenciados, ningún conductor lucía ebrio, ¡Maravilloso síntoma de triunfo!, el operativo de entregas estaba por concluir y habíamos colocado 1.245 cajas de estupendos Buchanan’s y Black & White de un golpe. En realidad se entregaron 1.244, las 12 botellas restantes las disfrutamos los actores de la noche.

Despegamos, se logró el imposible. Lentamente reforzamos la estrategia de visitar restaurantes, nuestras botellas lucían bien pero casi siempre las encontrábamos cerradas. Entonces recordamos la frase de nuestro jefe de la compañía hotelera “Cama tendida, cama perdida” y de ahí la fórmula que establecimos: Botella cerrada, obligación abrirla. Y así se hizo, los vendedores, socios, amigos, enemigos, tíos, suegros y demás tenían como consigna verificar que las botellas de Buchanan’s y Black & White estuvieran abiertas y lo más cerca posible de las manos del barman de turno.

Y como las botellas debían abrirse, iniciamos un eterno ciclo de actividades de relaciones públicas con invitados conocidos y desconocidos. Servir whisky era la clave, recurso económico y por su carácter gratuito de infalible penetración comercial.

Se crearon fiestas como el concierto de Café y Petróleo con Ana y Jaime; patrocinamos un concierto de Shakira cuando aún no era Shakira; una Rumba de los Setentas con Vitaminas, Harold, Oscar Golden; la Noche de Sábados Felices; Torneos Nocturnos de Golf; Fiesta de Disfraces; pruebas de Equitación de alta potencia; torneos de billar; concursos de baile; conciertos de jazz y música clásica; inauguraciones de galería de arte y exposiciones; encuentros literarios; cientos de actividades que fantásticamente enamoraron a los consumidores con las marcas. La competencia decía con gracia que nuestra firma le hacía un coctel hasta a una empanada. Y también se servían empanadas.

Inolvidable fue el lanzamiento oficial del whisky, 1.200 invitados concurrieron al festejo en El Pórtico, mujeres y hombres muy elegantes y distinguidos. La fiesta, que inició al mediodía, transcurrió impecable hasta cuando salieron las vaquillas al ruedo de la Plaza de El Pórtico, momento en que el público gracias a la exaltación de la amistad y al coraje efecto de los wiscachos se lanzó al ruedo sin esperar siquiera que las vaquillas embistieran. En este caso la cosa fue inversa, las vaquillas se aventuraron al mundo de la tauromaquia.

 

Julio Eduardo Rueda Riaño

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