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Parte5. Jugoso capital de sueños

el . Publicado en Descubra

Pero de quiebras e ideas surgió la genial fórmula de crear un fondo común de amigos, una nueva empresa con la que sumamos 22 socios más y a la que incomprensiblemente no adhirieron el cuarto y quinto socio fundadores. Estaba proyectada a diez años y así tendríamos capital para financiar los fabulosos proyectos de cada uno.

Nosotros, como socios gestores y por contar con excelentes oficinas y bar, administrábamos el asunto financiero y contable bajo la dirección de la junta directiva nombrada para el efecto. La razón social reunía la esencia fantástica de la unión: Proinvertir 2.000 S.A., fundada en 1.989.

La compañía crecía, lentamente los negocios prosperaban, sufríamos con el tema financiero, el dinero escaseaba y los bancos cobraran grandes intereses. El problema del sobregiro y la tasa de interés eran asfixiantes, invertíamos más tiempo en la gimnasia bancaria que en el mismo negocio. Los banqueros apretaban, los proveedores apretaban, las señoras apretaban, los empleados apretaban, el arrendatario apretaba…Y el cinturón ya estaba apretado.

Pero la vida continuaba y el negocio manifestaba sus bondades, me refiero al de los vinos y licores, pues el de comida rápida se acercaba al fin. El local de la 72 flaqueaba, efecto mortal del empaque; y el de La Merced, el segundo, estaba a merced del propietario del local, garaje-patio cercano a una universidad cuyos alumnos jamás entendieron la óptima calidad de nuestros productos. Y, para rematar, nuestro pick up demandaba las reparaciones de un Clásico y Antiguo.

Finalmente tuvimos que comprar un vehículo de reparto nuevo, acorde a la capacidad financiera. Un poderoso Piaggio con capacidad de carga de 600 Kilogramos, perfecto para deambular por la congestionada ciudad. Este diseño italiano consumía el 25 por ciento menos en llantas, pues sólo tenía tres; ahorraba combustible; por su tamaño lucía como un Topolino Fiat 600 de los sesentas; requería de un solo conductor-repartidor; era el único vehículo que financiaban a 60 meses, lo entregaban de forma inmediata sin cuota inicial, y por la compra de uno daban una boleta para participar en la rifa de otro.

Ya cubríamos un buen número de restaurantes de la ciudad, trabajamos con éxito en el negocio de los licores, lentamente liquidamos los de la comida rápida, Proinvertir 2.000 incursionaba en negocios varios, la casa de la 79A seguía llena, el bar se convertía en restaurante a solicitud de los comensales, los importadores de otras firmas comenzaron a buscarnos, sonreíamos con cierta prudencia después de haber pasado aceite años casi eternos.

Un gran aliado se unió a nuestra causa, el importador del famosísimo whisky que “sigue tan campante desde 1.820”, compañero ideal de lucha, empresa que no olvidaremos por su apoyo y caballerosidad. El pensamiento y el extraordinario portafolio de vinos y licores de esta compañía eran de una sinergia absoluta con la perspectiva de nuestra ideología comercial y sibarita, de ahí la relación entrañable de amistad personal y de negocios que tenemos.

Ser distribuidores de dos de las más importantes firmas importadoras nos permitió diseñar un novedoso sistema de mercadeo que atendía las necesidades de bares, hoteles, restaurantes y clubes de la ciudad. A partir de ese momento el carácter de la compañía fue impregnando el mercado: Compañía seria, flexible y amable que a su vez logró transmitir sensación de tradición y credibilidad.

 

Julio Eduardo Rueda Riaño

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